domingo, 3 de abril de 2016

Tu reflejo

*Toc, toc, toc* ¡Ey, tú! Si, te estoy hablando a ti. ¿Me ves? Soy tu. O una realidad de ti misma. Soy lo que tú quieras que sea. Pero no voy a ser en lo que él quiere conventirte. Lo que ves aquí es una mujer fuerte, guapa e inteligente. Que no se deja comer por nadie. Una mujer libre y autónoma. Soy la mejor parte de ti misma, aunque no quieras reconocerlo. Soy tus ganas de vivir, de levantarte cada mañana. Ven, acércate un poco más. ¿Me ves mejor? Fíjate bien. Ahora sí. Ese brillo en los ojos te pertenece. Es aquello que debe darte fuerzas para romper con tu pasado y lanzarte a un futuro mejor. El chico al que estás enganchada no te quiere. Bueno, desde este lado se ve que te quiere, pero hundir. Terminar con tu personalidad para siempre y que seas suya. No creas sus palabras de amor, cuando cinco minutos después te lanza amenazas. Recuerda que quien importa eres tú y que lo que dice puede hacerse realidad. Y tú y yo podríamos desaparecer para siempre. ¿Dónde quedará todo lo que nos queda por vivir? Mañana cuando me veas sonrie y cómete el mundo.
Te quiero con locura,
Fdo. Tu reflejo

lunes, 7 de marzo de 2016

Pasado página

Creo que por fín. Ha llegado el momento. Ya no duele pronunciar su nombre, las pesadillas ya no me atormentan. Se ha terminado el tener miedo al andar por la calle, el vivir obsesionada por si veía su coche. No se en que momento pasó, no sé en que instante mi cuerpo empezó a preocuparse de su bienestar y mi cabeza a desconectar esa parte que dolía. Pero está hecho. He pasado página. Muchos me diréis que ha sido poco tiempo. Si, muy bien, de acuerdo. Pero ha dolido lo suficiente como para tener el orgullo de querer cuidarme a mi misma. Llegó mi momento. Me considero más fuerte de lo que normalmente soy. Aquí termina una etapa de mi vida en la que ha habido cosas buenas, pero también malas que han terminado con la Noemí que existia hace 17 meses, para transformarla en otra que tan siquiera se reconocía. Pero poco a poco he sabido salir adelante, descubrir que, a pesar de los intentos por cambiarme, la parte que me modeló sin yo darme cuenta se fue con él y conmigo apareció una Noemí mucho más fuerte, mucho más madura. Este es mi momento. Llegó la hora de mostrarme a mi misma de lo que soy capaz.
"Nos hicieron pequeños, nos soñamos gigantes"
PD: pasar página no implica lanzarme a los brazos de otro.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Por ello no dejo de ser más adulta, ¿O si?

Una vez alguien me dijo que hiciera todas las locuras que pudiera mientras aún era joven. Pero que solamente pudieran disfrutar de ellas unos pocos privilegiados, porque sino todo el mundo iba a terminar tachándome de inmadura. Soy una chica bastante madura para mi edad, ya no lo digo yo porque sonaría egocéntrico y pretencioso, me lo dice el resto de la gente, pero también tengo mis bobadas de chica de 21 años. Me encuentro en ese momento en el que tengo que ser adulta y a la vez no quiero dejar a la niña que llevo dentro (me quedan dos meses para los 22 y ni lo había pensado). Si, puedo comportarme como una adulta cuando es necesario, pero tan solo unos pocos saben que me puede dar la risa floja por cualquier bobada y pasarme horas riendo, que puedo reír y llorar al mismo tiempo y que soy fan de todas y cada una de las películas de Disney (y que se admiten maratones de las mismas). Pero no por ello dejo de ser más adulta, ¿O si?

martes, 16 de febrero de 2016

Caperucita dejó de llorar y decidió darle patadas a la vida.

Y estaba enganchada a él. Como un drogadicto a la heroína. Cono un ratón de biblioteca a un buen libro. Como un compositor a su guitarra.
Se había estancado. Su vida no avanzaba y se sentía perdida en un mundo que no paraba de girar.
Había echado al lobo de su vida, para siempre. Pero el lobo, en esos quince meses consiguió moldear a Caperucita y ahora que el lobo se había ido, una parte de Caperucita lo hacia con él. Y así fue como Caperucita se quedó sin cuento, pero puso fuerza y voluntad para crear su propio cuento.
Así fue como, por primera vez en la historia de los cuentos, Caperucita no era la víctima.

lunes, 1 de febrero de 2016

Febrero

Febrero. Mes nuevo, vida nueva (ya, ya se que es año nuevo y vida nueva. Soy muy de cambiar dichos). Mi madre hace dos dias me dijo: "A partir de ahora cuando te levantes y te mires en el espejo pregunta ¿Qué ves? Porque te devuelve el reflejo de una mujer fuerte y valiente". Ayer una gran amiga me dijo "Cuqui, eres una de las mujeres más fuertes que conozco, no te puedes dejar comer por nadie". Ambas tienen razón, a pesar de ser "yo misma", poco a poco fui moldeada para ser alguien que no quería, sin darme cuenta. Todo empezó con pequeñas cosas, pequeños detalles que fueron cambiandome como persona, anulando esa fuerza hasta convertirme en una marioneta a su gusto. Si, seguia teniendo mi caracter, pero consentia demasiadas cosas. Ahora estoy desorientada en un mundo que sigue dando vueltas, que no se para a esperarme y no puedo seguir así. Tengo que volver a encontrar a la Noemí de hace un año, demostrarme a mi misma que no se fue tan lejos. Enseñarme que, al final, no fui tan condicionada como parece que lo estoy y que esa parte de mi sigue escondida en algún lugar. Que no se ha ido con el primer insulto. Que esa parte de mi no se fue con él. Algo empezó a cambiar en verano y creí que me sentia mal por no estar con él. En realidad es que esa parte de mi que estaba escondida volvía a salir. En cambio opté por enterrarla de nuevo.
Esta vez toca levantar la cabeza y demostrarme a mi misma que soy una mujer con ovarios.
Bienvenido Febrero, bienvenida nueva vida.

miércoles, 27 de enero de 2016

Hacía mucho tiempo...

Echaba de menos esta sensación. El hecho de poder salir de clase y ponerme ropa de "andar por casa". No preocuparme por tener que escribir a alguien un whatsapp para contarle donde estoy, no tener que preocuparme por llamadas o tener que salir de casa en una de mis tardes de descanso...

Me gusta la soledad. En su justa medida, eso sí. Pero hacía mucho tiempo que no me permitía el privilegio de ver una serie, tirarme en la cama con un buen libro o simplemente escribir en el blog. Hacía mucho tiempo que no me planteaba "hacer nada" durante todo el fin de semana, dedicarme a mi misma y a trabajar.

Es la primera vez en mucho tiempo que puedo dejar de preocuparme por el reloj, o por lo que otras personas opinen y disfrutar de mi tiempo sin que crean que "estoy en casa tocándome las tetas" (que es una práctica a la que no me dedico). Puedo pasarme el fin de semana viendo series o una película sin la necesidad de verla con alguien.

Sobretodo echaba de menos el momento "lectura". Ese momento en que me aferro a un buen libro y nadie me interrumpe. Solo estamos la novela y yo. Es una sensación realmente maravillosa que, por culpa del whatsapp o de tener cobertura, yo había dejado de hacer (y que ni se me ocurriera poner el móvil en modo avión).

Me siento bien con esta nueva etapa de mi vida en la que he interiorizado que no tengo la necesidad de compartir mis días con otra persona que, al final, no respeta mis planes, ni mis espacios, ni mis tiempos. No estoy criticando a nadie, ni haciendome la víctima. Simplemente me encanta ser yo misma.

Tengo muchas ganas de este fin de semana, para poder dedicarme todo el tiempo del mundo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

En la cima de la montaña...

A veces pasa, ¿no?. Te encuentras en lo alto de una gran montaña, tras subir una ladera y de repente retrocedes para atrás. Demasiado para tu gusto. Pero ves que es difícil volver a ser la misma persona tras un golpe. Es una realidad que los golpes cambian a las personas.
No soy la misma que hace un año, ni la misma que antes de verano. Y las cosas que tenía antes tampoco pueden ser las mismas, porque no se ajustarían a la realidad en la que vivo. Una realidad que muchas veces es mejor esconder. Intentar focalizar la atención en otras cosas para que los problemas parezcan menos problemas. Centrarse en los estudios, en el trabajo y olvidarme de todo lo que pasé. Pero las consecuencias no se van de un día para otro para no volver. No creo que pueda despegarme de ellas nunca. Antes dormía de un tirón, ahora me cuesta dormir más de cuatro horas seguidas. Antes comía como una gocha, ahora me cuesta meterme cualquier cosa al estómago, por mínima que sea. Antes no pensaba, solo sentía. Ahora mi cabeza juega a su bola. Antes pesaba más de cincuenta kilos, ahora no llego casi a los cuarenta y ocho. Antes callaba, ahora saco todo mi genio a relucir y no me callo ninguna de las cosas que pienso. Le guste a quien le guste. Parece que poco a poco voy madurando... O no. ¡Quién sabe!
¿Veis? No soy la misma, por lo tanto no puedo tener las mismas cosas que tenía antes. Ni las quiero. No soy la misma Noemí de hace un año. Acostumbraros al cambio. Solamente os pido el tiempo necesario para volver a dar los pasitos necesarios par volver a estar en lo alto de la montaña. Y respeto. El mismo respeto que yo os doy.