(He de reconocer que antes de escribir esta entrada he tenido que tranquilizarme, porque sino ponía nombre, apellidos y DNIs y no era plan. Aún así he visto necesario el hecho de desahogarme.)
Hay un mundo extraño, raro, singular. Gira continuamente, da mil vueltas, no puede parar. Un mundo complejo, que esconde sus secretos.
Somos mucha gente, gente diferente. Somos muchos, somos gente, tanta gente, gente diferente. Mucha gente.
No entiendo a las personas en general. Somos un complejo circuito de neuronas, sangre, hormonas y testosterona (dependiendo del sexo). No me entiendo a mi misma, como para conseguir entender al resto.
Voy a ser sincera, clara y directa, porque lo necesito y porque se que si no lo hago voy a pasar de mal humor el resto de semana (y mis hormonas no podrán con ello). NO SOY UNA CRÍA, NI UNA NIÑA, NI MOCOSA, MALCRIADA, EGOISTA o cualquier otro apelativo que se os pueda ocurrir en referencia a los niños de 0 a 6 años. Tengo 21 años, lo marca el DNI y el médico que atendió a mi madre en el momento del parto. Mi padre constata esa información y mis hermanos que llevan 21 años aguantandome. Por lo tanto me repatea el hecho de que me llamen infantil o niña pequeña porque maduré antes de tiempo, así que si no tenéis ni idea, cerrad la bocaza.
Se que no caigo bien a todo el mundo, ni a mi me cae bien todo el mundo (¡faltaría más!), pero no por ello me dedico a poner a parir a todo aquel que me cae mal, es más cómodo mostrar indiferencia. Por lo tanto pido que hacía mi persona se haga lo mismo. Si te caigo mal es tan simple como conseguir que yo no exista. Mucho no os puede costar, salvo que vuestro odio llegue a niveles insospechados, entonces lo siento, de momento me quedan pila de años en el mundo, y no voy a desaparecer porque a uno de cada diez le caiga mal.
A estas alturas de mi vida tengo que dar las gracias a la educación recibida por mis padres. Porque de no ser así yo ya habría ido a pegar a más de uno y hubiera sido capaz de montar el pollo por la calle (no os niego que ganas de gritar a alguien tengo, pero ya llamaré a mi madre para ello).
Y si, esta entrada tengo que dedicartela a ti, el maduro de turno. Si se supone que no nos hablamos, que he tenido la educación de verte en el mismo sitio, de estar juntos y no matarte por todas las humillaciones que he recibido... Haz tu lo mismo, muestra que de verdad tienes la edad que dice tu DNI (y no solo es física) y muestra que te importo lo mismo que una bolsa de basura y DÉJAME EN PAZ. Deja de ponerme a parir por tuiter que yo no lo leo, pero mi familia si y a ellos les jode más que a mi.
Por lo tanto he llegado a la conclusión de que hay demasiada gente enferma de imbecilidad.
Buena suerte a todos, porque esto no tiene cura. VA A PEOR.
"Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama" Miguel de Cervantes
martes, 22 de septiembre de 2015
lunes, 21 de septiembre de 2015
Cuando lo difícil se hace interesante
Él tiene los ojos verdes, los de ella son color chocolate. Él fuma, ella no. Ella es una cotorra, a él hay que sacarle las palabras con un aspirador. Ella no para quieta, él es más tranquilo. Él quiere una relación seria, ella no sabe en que momento de su vida está. Ella está completamente enamorada de Pablo Alborán, él lo odia completamente. Él es un friolero, ella siempre va con los pies fríos. Él piensa demasiado, ella vive sin pensar en las consecuencias. Él tiene el corazón dañado, ella lleno de tiritas. Ella sabe cambiar el chip, no pensar en el pasado, a él su pasado le está consumiendo poco a poco. Ella está dispuesta a levantarle, y no volver a dejar que caiga. Él va con calma, ella es todo impulsos. A ella le encanta discutir, él tiene su carácter escondido. Ella se ríe por todo, él antes era un bromista, ahora no se sabe donde lo tiene escondido.
Aparentemente son polos opuestos, el ying y el yang, el aceite y el agua, el norte y el sur. Pero a ambos les une lo mismo. Tienen diferentes maneras de tomarse las cosas, ella se ríe de los errores, no quiere mostrar que es débil, que aún le duele y que va poco a poco levantando la cabeza. Él se deja llevar, las ojeras inundan esos ojos verdes preciosos, no descansa, piensa demasiado y le cuesta disfrutar. Pero sabe que ella es diferente, que está cómodo con ella, sabe que le puede contar cualquier cosa que nunca le reprochará nada. Y sobre todo se entienden el uno al otro.
Poco a poco, él va dando pasos agigantados, poco a poco bromea, sonríe y deja de pensar en la chica que de la noche a la mañana le dejó y le rompió el corazón en mil trocitos que ahora cuesta pegar.
Porque si, es muy difícil que en menos de quince días se consiga algo sólido de esta situación, porque son muy diferentes, pero precisamente eso es lo que lo hace interesante.
sábado, 22 de agosto de 2015
Quierete
Antes de querer a nadie, tienes que quererte a ti primero. Antes de estar con alguien, tienes que aprender a estar sola. La gente cambia, madura o muestra como realmente era. Yo he madurado, poco a poco, pero no he perdido mi esencia de disfrutar de las cosas como una cría. Nunca he necesitado regalos caros, ni los necesito, lo único que siempre he pedido es, tal vez, cariño, confianza y respeto. Bueno, y alguna que otra vez más mimos de la cuenta. No es caro, pero si necesita esfuerzo.
Si, eres cabezota y testaruda, infantil, sensible, te preocupas demasiado por personas que ni siquiera piensan en ti, te dejas llevar por los impulsos, coges confianza demasiado rápido y crees que las personas son más buenas de lo que realmente son. Eres floja, dormilona, algo impuntual, una ilusa que sigue pidiendo deseos cuando sopla las velas o ve estrellas fugaces, que sigues creyendo que el amor es perfecto a pesar de todos los palos. Tienes defectos, como todos, pero también tienes un millón de virtudes. Has conseguido aprender de los errores y crecer como persona, superando cada cosa que se te ha puesto delante en estos 21 años. Tienes una imperfección que muchos desearían. ¿Habrá problemas? Muchos. ¿Será difícil? No te voy a mentir, lo será, pero tu eres mucho más de lo que crees.
Es hora de salir ahí fuera, comerte el mundo y volver con energía para librarte de todo lo que no te haga falta porque, para pasar un mal rato siempre hay tiempo, y los buenos momentos vuelan. Así qué, ¿A que esperas para cazarlos?
viernes, 14 de agosto de 2015
El dolor y el miedo.
Nadie puede vivir sin dolor, no es algo opcional. Nadie es inmune a él. Nadie puede huir del daño, de la destrucción interior. Porque no importa tu forma de ser o tu forma de actuar, algún día sentirás dolor y de un modo u otro tendrás que hacerte a él.
Nos pasamos la vida buscando la felicidad, resolviendo problemas, nos perdemos en las idas y venidas de cada día, intentando juntar todas las piezas de un rompecabezas sin sentido. Y cuando por fin desaparecen dichos problemas, tenemos miedo. Empezamos a vivir con un miedo infundado por nosotros mismos, mientras piensas: "¿qué será lo siguiente?"- En lugar de relajarse, de encontrarse a si mismo, encontrar tu propia paz, tu felicidad interior.
Porque al final, en eso se basa la felicidad. Se basa en la aceptación de uno mismo y la grata sensación de haberte convertido en la persona que deseas ser, aprendiendo a vivir con el dolor y con el miedo. Sin importar el resto del mundo que te rodea.
sábado, 8 de agosto de 2015
Enséñame tus alas y grita QUE LA VIDA ES BONITA AUNQUE ESTÉ DEL REVÉS
Me enseñaron que la vida pasa rápido. Que a veces se gana y otras se pierde. Que el motor de tu vida no puede ser una persona, porque de esa manera quedas condenado a depender de su existencia. Me enseñaron que soy libre para decidir quien me hace reír y quien llorar. Para hacer y deshacer a mi antojo y no tener que dar explicaciones. Me enseñaron a amar de una manera incondicional, A sufrir. A quererte cagar en todo y guardar la compostura. A ser sincera.
Me enseñaron que en este mundo materialista y consumista, era libre para dar mi opinión, para desahogarme, para dejar marcado con palabras lo que mi corazón siente y lo que mi cabeza opina. (También me enseñaron que no se puede ir chillando como una loca por la calle). Me enseñaron que se puede llorar de alegría y reírse de tristeza.
Me enseñaron a dejar en mi vida a aquellas personas que valían la pena y echar al cajón al resto. Me enseñaron que quien abandona el barco, o a quien decidimos tirar por la borda, no tiene porque ser recordado al instante. Que pueden pasar meses, años, hasta que una herida se cierra, pero que nunca pasarán días. Que cada persona tiene un tiempo de duelo.
Que la profesión va por dentro y puedo ponerme una y mil corazas para no mostrar quien soy en realidad, salvo a unos pocos afortunados. "Quien te quiere, te hará llorar" eso es algo que aún no he asimilado, existe demasiado gilipollas que me ha hecho llorar y no me ha querido. Pero también me lo enseñaron.
Me enseñaron que, decida lo que decida hacer con mi vida, siempre iban a existir personas que me iban a apoyar de manera incondicional, dejándome dar la ostia en condiciones para después ayudarme a levantar.
Me enseñaron que cuando alguien te humilla, insulta y toca las pelotas, su vida es demasiado triste y tiene demasiado tiempo libre. También me enseñaron a no achicarme ante determinadas personas. A defender lo que soy.
Hace dos meses, tal día como hoy mi tío me dijo al oído (como si de un secreto se tratase): "Cariño mío, hagas lo que hagas, decidas lo que decidas con quien lo muestres, no dejes de ser nunca quien eres". Y esa fue la bombilla que se encendió en mi interior para quererlo cambiar todo.
Y... Como dice la canción Vívela de Pablo Alborán "Dicen tantas cosas que podrían no decirlas y callarse de una vez." Porque muchas veces quien más lecciones te intenta dar de la vida es aquel que más tiene que callar. "Vive sin barreras, así que déjate de historias y ven acércate que te cuente lo que vamos a hacer. Saca de tu pecho el rencor y mira bien hacia donde se dirigen tus pies. Enséñame tus alas y grita QUE LA VIDA ES BONITA AUNQUE ESTÉ DEL REVÉS"
viernes, 10 de julio de 2015
La vida se basa en eso, adaptaciones.
No todos somos iguales. No a todos nos gustan las mismas cosas. Pero tenemos que adaptarnos. La vida al final se basa en eso ¿no?. Un continuo ir y venir de adaptaciones. Somos como bebés en constante periodo de adaptación. Unas veces mejor y otras peor. Pero adaptación al fin y al cabo. Te adaptas a un colegio nuevo, a tener un hermanito, a tus padres, a una nueva casa, a un nuevo instituto, a estudiar, a la universidad, a aquella persona que crees que será el amor de tu vida, y resulta que simplemente ha sido eso, otra adaptación. Te adaptas a unos compañeros de piso, a otros, a grupos de trabajo, a grupos de amigos, te adaptas a una nueva ciudad...
Algunas cosas a las que te adaptas vienen a tu vida para quedarse para siempre, por mucho que lo intentemos no podemos hacer que nuestros hermanos desaparezcan o coger una rabieta porque no nos gusta que nos pongan exámenes.
Pero otras muchas veces no consigues adaptarte a algo, o simplemente te adaptas pero se termina escapando de entre las manos. Y te sientes mal, evidentemente. Y sientes que has perdido el tiempo. Que nada tiene sentido. Te entran ganas de llorar, de coger una rabieta como los niños pequeños y acogerte a los brazos de tu madre para que te solucione las cosas. Caminas cabizbajo unos días, semanas, meses o incluso años. Porque, lamentablemente, también hay que adaptarse a las decepciones. Y te tienes que adaptar a escuchar ciertas canciones sin que te traigan recuerdos (E aquí una de las que a mi más me cuesta escuchar y al mismo tiempo mi preferida... Mi "Pasos de Cero", mi Alborán), evitas pasar por determinados sitios, mirar ciertas fotos, leer cosas que quizá deberías haber quemado para que la adaptación fuera más rápida y menos dolorosa. ¿Con que fin? Si lo único que tienes que hacer es adaptarte a otra nueva situación. Y así constantemente.
Porque la vida, aunque duela, es eso, un sin fin de adaptaciones.
domingo, 5 de julio de 2015
¿Realmente vale la pena querer olvidar todo?
Cuántas veces hemos deseado borrar un día, un instante, un momento, hasta un año de nuestras vidas. Borrarlo todo y vaciar nuestra memoria. Cuantas veces deseamos volver a ser niños, vivir todo de nuevo, recuperar lo que fue o dejar que el tiempo ponga las cosas en su lugar, Algunos simplemente no esperan nada del tiempo. Da lo mismo regresar o avanzar, simplemente renuncian a que el tiempo continúe su pasa y se marchan con lágrimas y un largo adiós. Si deseáramos en algún momento perder completamente la memoria y plegarnos a la frase "comenzar de nuevo"... ¿Cuántas cosas nos perderíamos? Serian como aquellas cosas que se extravían accidentalmente en una mudanza y luego se extrañan .Perderíamos el calor del primer beso y la sesión de aquel amanecer que fue perfecto. La nostalgia por amores pasados y la inocencia con la que nos entregamos a lo desconocido esa primera vez. Quedarían atrás los amigos que iban a ser eternos, las cartas que nos hicieron llorar, la primera o última vez que vimos a un gran amor, los brazos más cálidos, el día que pensamos que se iba a caer el mundo, el dolor más hermoso, el nacimiento del sentimiento más puro. ¿Comenzamos una vida nueva o matamos otra llena de recuerdos? Dejamos una vida y un presente que nos da infinitas oportunidades para soñar con un futuro perfecto que no existe o un pedazo de cielo donde sabemos que nos espera. ¿Realmente vale la pena querer olvidar todo?
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