sábado, 17 de mayo de 2014

"Tú, con la cabeza bien alta y dientes, dientes que es lo que les jode"

Siempre tengo en mente esta frase, dicha por mi madre y mi madre adoptiva (mama Rosa). Ahora las entiendo cuando se han dedicado a repetirme esa frase una y mil veces.
La sociedad tiene un problema, nadie está conforme con la vida que tiene. Pero es que la gente tampoco se conforma con la vida que llevan los demás. Por ello es más cómodo, en lugar de arreglar la propia vida, intentar echar mierda y destruir la de los demás. Bajo mi punto de vista creo que eso lleva más trabajo que arreglar la propia, y tampoco entiendo porque la gente lo hace...

¿Por qué no podemos dejar al resto ser felices? ¿Por qué nos resulta satisfactorio ver al resto sufrir? Y ya si nos cae mal, mejor que mejor. Lo digo en primera persona porque yo también soy así, en el fondo disfruto cuando la gente que me cae mal sufre, aunque sea un poco. Me avergüenzo de ello, pero es así-

Jamás entenderé el gusto que nos da ver sufrir al resto. Ahora, poco a poco, me voy dando cuenta de que es mucho más satisfactorio ser feliz con uno mismo y no preocuparse por la vida del resto.

Por ello, queridos integrantes de la sociedad que se dedican a tocar las narices... ¡¡PARAD!! Porque no conseguís nada beneficioso para vosotros, pero mucho menos para la persona afectada. Que cada persona cometa sus errores, se de los golpes que quiera y que aprenda de ellos. Pero dejad de interesaros por los demás y dejad de echar mierda en campo ajeno.

Me da igual quien se de por aludido en esta entrada de blog: Va dedicado al cabrón/a que rayó en cristal de mi portal poniendo "Morosos 2ºA", también se la dedico al hijo de fruta que puso "Hija de puta" en el buzón de mi casa de Benavente y también va dedicado al que ahora se dedica a meter mierda en mi vida y conseguir que me coma la cabeza, pero de manera anónima, para que vais a dar la cara-

Muchas gracias por contribuir a hacerme cada día más fuerte, un besín a los tres.

viernes, 4 de abril de 2014

Campanilla y Peter Pan

Sí, Campanilla, la de Peter Pan. La olvidada Campanilla. A muy pocos le importaban los sentimientos de Campanilla, todos los niños querían que Peter se fuera con Wendy, la chica encantadora que le cosió su sombra a los pies, que le dejó la medicina cuando ella decidió hacerse mayor y dejarle... ¡Oh! Qué gran persona. ¡¡Y una mierda!! ¿Crecer? No te importa crecer si tienes al amor de tu vida para siempre. El verdadero amor era el de Campanilla, que arriesgó su vida bebiéndose la medicina envenenada para que no muriera Peter, y todo... ¿Para qué? Para que él la empujara, para que él sólo se fijara en la bonita niña de rizos indefinidos... Sin duda alguna, Peter Pan es uno de los cuentos más sinceros que nos contaban de pequeñas respecto al amor. Nada de zapatos de cristal que se rompen, nada de besos que rompen maldiciones, ni castillos protegidos por dragones... Sino una chica enamorada de un chico que solo quiere a otra...

La vida.

Desde pequeña, siempre me han enseñado que debo luchar por lo que quiero, que nunca nadie puede decirme que no puedo, que no voy a conseguirlo.
Siempre me han dicho que los sueños no son imposibles, que si quiero, puedo conseguir todo lo que me proponga, con esfuerzo y valentía.
Siempre he creído que cualquier cosa que nos suceda en la vida pasa por algo, porque así debía ser.
Siempre he pensado que si la vida te pone a alguien especial en el camino, es porque esa persona debía estar ahí, porque debíamos encontrarnos en el momento exacto.

sábado, 29 de marzo de 2014

Microrrelato.

Su rostro fingía serenidad, alegría, incluso parecía que estaba interesada por el tema de conversación que allí se estaba tratando. Pero no. Tenía la cabeza en la luna y los ojos puestos en él...

Qué irracional, ¿no?. Ella sabía perfectamente que él no la convenía, que no tendría que pilarse por él. Que tenía que olvidarle, dejar de pensar en si lo quiere o en si no. Dejar de comerse la cabeza porque podía asegurar que él nunca se iba a agarrar a nada. No era de esos. Se le veía. No era de rosas, ni de flores en general. No era de pequeños detalles, ni de grandes. No era de sorpresas, ni de sacar sonrisas inesperadas. No era de decir "te quiero". Tan siquiera había constancia de que tuviera alguna novia. No, él era de más de una. Así todo más sencillo. Era un chulo. Si le ignoraba, él ignoraba más. ¿Cómo podía gustarle tantísimo si era un completo idiota?
Pero ahí seguía, muda, prendida en su mirada. Sabía que todo iba a ser igual, que nada iba a cambiar. Por mucho que hablaran. No existen hadas, ni príncipes, ni sueños. Todo es mentira. Y lo peor es que sin él, su vida perdía sentido. No todo, pero si gran parte.

Quería chillar. Ahí. Aunque pareciera distante y ausente. Su deseo era levantarse y sincerarse de una vez. Decirle todo lo que rondaba en su cabeza. Pero no. Las cosas estaban así mejor. Y así será, en un silencio absoluto. Será hasta final.

Sonreía. Era lo único que podía hacer mientras su cabeza vagaba libremente...

lunes, 17 de marzo de 2014

Entrada del 27 de Febrero...

Hola:
¿Qué tal se ve el mundo desde ahí arriba, abuela? Hoy hace un año que te fuiste. Lo dejaste todo un poco patas arriba, eh. Tenías que ver a los elementos que has dejado aquí sin nadie que les coordine, jeje. Te echo de menos. Añoro ir a Valencia de Don Juan y comer cocido, que me riñas por no querer comer sopa o me chilles como una loca para prevenir que me queme con la cocina de lumbre. Echo de menos meterme por debajo de la mesa y sentarme en ese banquito de madera. Tus galletas de barquillo, el detalle de tener chocolate siempre, aunque no hubiera quien lo comiera. Sentarnos en la puerta de casa, con esas mini sillas y jugar en la cuesta de piedras con tus frases previniendo que nos rompiéramos una pierna. Echo de menos hasta cuando me reñías por jugar con esos tres perros que tenías en el armario de la entrada. ¿Cómo lo sabías? Yo me tiraba más tiempo colocandolos simétricamente igual para que no te dieras cuenta de que los tocaba. Añoro tus besos sonoros y duraderos, tu "Llamadme cuando lleguéis a casa", y llegar a casa y lo primero que haciamos era llamarte.Recuerdo la última vez que te felicité el cumpleaños, juraría que hiciste ochenta y te empeñabas en decirme que eras una vieja y yo en decirte que estabas en la flor de la vida... ¿Sabes? De lo que más me arrepiento es de todos los "Te Quiero" que me faltaron por decirte. De haberme negado a ir a verte a la residencia por no herirme a mi misma... Seguro que ahora estás con tu amante el asturiano. Si, ese que decias que no lo querías y que no te ibas a casar con él, y con dos de tus hijos... En un año han pasado tantas cosas. Gracias por cuidarme desde el cielo, abuela. Una vez le dije a un niño que cuando echara de menos a su abuelo mirara las estrellas y la que mas brillara ahí estaba él. He de reconocer que yo lo hago cuando te echo de menos. Me encantaría tenerte conmigo todos los días o, al menos, que sea como antes que sabía que te tenía. Me despido, no te olvides de seguir cuidándonos. 
Te quiero.

Jude...

"Mi madre me ha dicho que el amor es como una semilla. Tienes que plantarla para que crezca. Pero eso no es todo. El sol debe brillar justo lo suficiente, pero no demasiado. Las raíces tienen que agarrarse. Y a partir de ahí, si saca la cabeza a la superficie, habrá cerca de un millón de cosas que podrían matarla, as´que se necesita mucha suerte también"


"¿Qué te parecería si te dijera que estaré contigo todos los días que quieras tenerme a tu lado?"

"Cariño estás dejando que los cuentos de hadas con los que creciste te nublen la mente. El amor no es fácil. Especialmente uno bueno de verdad. Es difícil y desearias arrancarte los pelos tantas veces como sentirás el viento en la espalda. Pero merece la pena luchar por él. No dejes que lo que no es real te ciegue antes de lo que lo es. La vida no es perfecta, nosotros no somos perfectos, así que ¿por qué esperar que el amor lo sea?"

miércoles, 1 de enero de 2014

Un 2014...

Hace dos meses que no me paraba a escribir. Hace dos meses que no dejaba que mi corazón y manos viajaran libremente por el teclado. Hacía dos meses...

Propongo un 2014 diferente. No lo típico de "un 2014 a tu lado". Quiero un 2014 con más risas que lágrimas, y si tienen que existir las lágrimas que sean por ataques de risa. Quiero 365 días creciendo poco a poco. Valorando cada día a la gente que tengo a mi lado y a la que me encuentre por el camino. Quiero decir "te quiero" pero quiero decirlo de verdad. Quiero que el primer "te quiero" que salga por mi boca este año sea sintiéndolo  de verdad y no al primer idiota que intente llenar mi corazón sin quererlo. No quiero abandonar lo que soy, quiero seguir siendo una cabezota, una impulsiva, más soñadora que nunca, enamoradiza, risueña e igual de simpática selectiva. Aunque todo esto pueda traerme problemas, no quiero dejar de ser quien soy. Quiero poder terminar este año y apuntar en una lista que me he dejado de morder las uñas, que me he enamorado de verdad y sobre todo que nada ni nadie me ha hecho derramar una lágrima de tristeza. Es mi momento. Este es mi año.

No me arrepiento del 2013 que he tenido. He reído y he llorado. Quizá he perdido a personas demasiado importantes en mi vida y si, me arrepiento de no haber vivido todos los momentos inimaginables con ella, pero se que desde el cielo me cuida. Me he enamorado, poco, pero enamorado. He ido un poco de capullo en capullo (¡Para que negarlo!) y cuando parece que encuentro a alguien que encaja termina el año en la lista de "subnormales a olvidar". Un consejo, no hables de futuro si no lo quieres como lo cuentas. He descubierto que personas valían la pena en mi vida y quienes no. He aprendido a no guardar rencor. Me he independizado. Y en Oviedo he encontrado a ocho ángeles por los que daría la vida. Tal cual.

Por eso, solo tengo que decir que quiero un 2014 con las mismas o más alegrías del 2013.